Jesús está por nacer en Belén y nosotros nos hallamos en los preparativos finales para acogerlo con los brazos abiertos, necesitados de él y de los dones que trae consigo, su paz y su salvación ofrecida a todo el género humano.

La historia se completa paulatinamente. Sus protagonistas nos muestran sus vicisitudes y fortalezas. El Señor mediante su Espíritu, coloca a la humanidad en la dinámica superadora de sus limitaciones y en el fortalecimiento de sus dones, de modo que cuanto se busca, pueda buenamente alcanzarse: esgrimir dificultades y deficiencias en primer lugar, no es una actitud que ayuda para conquistar las metas trazadas. En cambio, reforzar lo bueno que hay en toda persona, es un paso que reporta beneficios.

Lo anterior es una constante en los mensajes del profeta Isaías; pero también lo es para Pablo, Juan el Bautista y, obviamente, para la Virgen María. Ahora es el turno de José, esposo de la virgen. De su ejemplo podemos sacar provecho para nuestra vida espiritual y cuanto nos circunda socialmente.

 

Las cuentas no cuadran

San Lucas insiste que Dios ha decidido hacerse presente en la historia humana, a través de Aquel que nos anima llevándonos directamente a la presencia del Padre, y promueve los deseos y la claridad suficientes para trabajar en favor del Reino de Dios: el Espíritu Santo. Es esta fuerza divina la que actúa en María, llenándola de gracias divinas, hasta colmar su existencia con el don de la Vida.

La historia gestada “desde lo alto” sin embargo tiene que confrontarse con la historia vivida “acá abajo”. A José las cuentas no le cuadran. Él no ha intimado con María pues es un hombre justo, respetuoso de la ley que prohíbe tener relaciones sexuales con su novia antes de desposarla. A pesar de esto, María está embarazada.

La justicia de José no está únicamente en el hecho de atenerse a lo determinado por las normas, sino que, para evitar la muerte “justa” de su esposa, decide dejarla secretamente. En este contexto, Dios entra en su vida y lo hace partícipe de su plan divino. Dios interviene respetuosamente en la existencia de esta humilde pareja de Nazaret; por lo que a José respecta, él tiene la gravísima misión de enseñarle a su hijo a ser un hombre de bien, trasmitiéndole el tesoro que es la tradición de Israel, representada en él, José, que parece un patriarca de la talla de Abraham, Isaac y Jacob.

José se suma a esta empresa que según la lógica puramente humana está destinada al fracaso por incomprensible, pero que, a la luz del Espíritu Santo, se consolidará con su fresca y delicada imposición en todo corazón.

 

Los sueños se hacen realidad

José es hombre que sueña. Y sus sueños se cumplen. Esta es la lección: debemos desatar nuestra capacidad de soñar en grande; soñar incluso con lo imposible, como podría ser que una mujer conciba una criatura sin haber tenido sexo previamente. ¿Qué sueño te gustaría hacer realidad para tu vida? ¿Con qué Venezuela sueñas? Hazlo. Sueña y haz realidad tus sueños.